Magia

¿Curiosa palabra verdad?

Hoy siendo la noche de San Juan, una de las noches más mágicas por no decir que la más mágica de todo el año, tanto para niños como para no tan niños, me apetece hablar un poquito sobre este tema qué conforme vamos creciendo y vamos olvidando, dejamos atrás e incluso ocultándolo o volviéndolo un tema casi casi tabú.

Bien hablemos de magia y de sus orígenes, porque no hace tanto todos y cada uno de nosotr@s hemos creído y creemos en esta maravillosa palabra y aunque muchos de nosotr@s opinemos lo contrario aquí veréis qué es verdad y que no lleváis razón.

Comencemos….

Vayámonos a esa etapa de nuestra vida llamada infancia, entre los 4 y los 10 añitos más o menos.

Acordaros de lo nerviosos que nos poníamos cuando se nos caía un diente y esperábamos ansiosos, casi sin poder dormir, la maravillosa llegada de aquel ser mágico llamado Ratoncito Pérez, el cual nunca llegabamos  a entender bien el para qué y por qué quería nuestros dientes pero que bueno, mientras viniese a visitarnos y lo pudiéramos contar, era lo importante y eso era lo mágico.

Ese pequeño acto lleno de ternura qué terminaba de colmar nuestra inocencia y nos hacía tremendamente felices era magia y no necesitábamos más, y es que con aquella edad no se necesitaba más, simplemente se creía en la magia.

Sin retirarnos mucho de esta edad tenemos las interminables noches de Reyes.

Aquellas noches en las que el tiempo parecía correr mucho más lento de lo normal e incluso ir  para atrás, aquellas noches que pasábamos más tiempo despiertos que dormidos, haciendo oído para ver si los podíamos escuchar o mirando por la ventana para ver si los podíamos ver llegar, incluso haciendo caso omiso a eso de » si estás despierto no te van a dejar regalos» algo que realmente en esos momentos nos la repampinflaba los regalos, nosotros solo queremos verlos llegar, ver aquellos tres reyes que en camello en una sola noche repartían regalos por todo el mundo, sin pedir nada a cambio, porque sí, porque con esa inocencia creíamos en todo y que todo era posible, por lo que no necesitábamos más.

Luego crecemos y la realidad nos da la primera bofetada de injusticia y seguimos creyendo en la magia pero de distinta manera, la época de Ratoncito Pérez y Reyes Magos paso y ahora los niños de entre 10 y 12 años solo juegan a tener superpoderes de alguna serie vista en televisión y poco más.

Si bien es verdad que la inocencia sigue ahí pero la manera de verla es distinta.

A los 12 años comienza una época bastante movidita, que da  para varias publicaciones más, básicamente se extiende hasta que terminamos los estudios o empezamos a madurar, en torno a los 22 o 24 años.

En esta época la magia queda totalmente atrás, nos concentramos en ser aceptados, formar grupos de amigos, destacar, sobresalir o simplemente sobrevivir.

Y si realmente creo que la palabra que estoy buscando es SOBREVIVIR, entre tanto tipo social y examen que aprobar.

Aquí empieza nuestra etapa religiosa en la cual nos encomendamos a quien sea necesario para aprobar o pasar un curso, y esto queramos o no también es magia, porque nos llenamos de fe e inocencia para que ocurra algo que nos interesa.

A partir de esta edad empieza una época más religiosa que mágica, pero aun así y aunque no nos guste, ni nos gusta admitirlo eso también es magia.

Rezamos e imploramos para conseguir un trabajo, rezamos imploramos e incluso llegamos a pedir un milagro para que no nos despidan, rezamos y pedimos por nuestros familiares o amigos, rezamos pedimos e imploramos por nosotros mismos y eso nos gustó no a su manera también es magia.

Con los años entramos en una edad en la cual nos volvemos más ateos que religiosos y muchas veces, por el desengaño de los años anteriores, incluso dejamos de creer en todo.

También es verdad que por x o por y volvemos a dirigirnos, volvemos a rezar, volvemos a pedir o suplicar y es aquí donde volvemos a creer en algo, que está ahí arriba, que a veces nos escucha y otras veces no, pero que gracias a ello volvemos a recuperar esa inocencia y volvemos a creer en esa magia.

En nuestra última etapa de la vida, cuando somos personas realmente mayores y se nos juntan los achaques propios de la edad, volvemos a creer en todo lo habido y por haber.

Ya sea por temor, por miedo,  por angustia o por un cóctel de todo lo anterior pero es lo que nos hace volver a creer en la magia, como si fuéramos niños pequeños llenos de  inocencia,  llenos de ganas.

Llenos de creencias y de magia.

Así que sí, aunque no nos guste y aunque no lo asumamos siempre hemos creído y creemos en la magia, de una manera o de otra pero siempre lleno de sentimientos maravillosos que no se deben esconder, ni se debe envolver un tema tabú.

Así pues no lo olvides nunca, CREÉ!!!

CREÉ en lo que quieras y como tú lo quieras pero CREÉ y sobre todo sé feliz creyéndolo ASÍ

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